Maga y sus sueños.



Pasear por las nubes sin destino. Seguir la arboleda de los sentimientos hacia donde el aire nos lleve. O la lluvia. El café de medianoche sabe aún mejor que el de la merienda, y la gente pasea ajena al resto del mundo. Maga salta por las calles, y se pierde en sus historias... o recuerdos, quien sabe. Te cuenta las veces que sonrió, las veces que lloró y por qué lo hizo. El nombre de sus gatos, su color favorito y el miedo que tiene a vivir. Escribió tantos sueños y los dio por perdidos, que tiene pánico hasta de ponerle título al siguiente. Perdió el corazón por los bulevares tantos días de lluvia que terminó por buscar estrellas en cada gota. Y a veces, vivía pendiente de un corazón que no sabe o tal vez no haya aprendido a abrazar el suyo con suficiente fuerza. Las tardes eternas, los paseos solitarios imaginando la vida de las personas que se cruzaba. Y entre tantas historias, te cuenta que últimamente se encuentra tranquila, feliz. Sabe que lo que tenga que ser, será. Y se esfuerza por alzar el vuelo entre las calles grises de su ciudad. Maga está segura de que todo lo que pasa es por algo, el karma... o quizás el destino, quién sabe.