Aquel satélite, si, ¿lo recuerdas? Aquel que vimos caer ante nosotros. Se ilumina y siente cuando nosotros lo hacemos. Y ahora, es lo único que se ve desde este cielo, el nuestro. Hay bancos testigos de los sueños que dejamos mientras el silencio nos ahoga. Al igual que hay manos que llegan a tocar el alma y palabras que avivan la alegría. El beso de antes de marchar y el que te mando cuando estás lejos y apenas puedes verme. Prefiero regalar momentos acompañados de sonrisas esta navidad. Y es que Diciembre se nos echó encima sin darnos cuenta. No quiero miradas tristes. Espero no tener que colocar uno de esos anuncios en el periódico regalando mi corazón y que seas tú quien le coloque el lazo. No hace falta que me regales un león con mochila, ni que el café sea interminable y tampoco importa dónde estemos porque cualquier lugar será París, Italia o las calles de Madrid.
Y es que yo sólo quiero hacerte feliz si me dejas.
