Rest in peace.

El crimen perfecto. Había salido del escenario sin dejar huella alguna, inclusive sonreía, de un modo un tanto macabro, pero la fin y al cabo, lo hacía. En aquella vieja fábrica abandonada había matado todos sus sueños. Uno a uno. Había empezado por los más grandes ya que le iban a llevar más tiempo. Los arrastró y lanzó contra las paredes. Mientras lo hacía lloraba tanto que le dolía respirar. Después del asesinato múltiple de ilusiones echó a caminar con pasos muy largos. No quería volver la vista atrás, no merecía la pena. Se quedaban con un sofá lleno de agujeros por la lluvia, y juguetes pasados de moda llenos de gotas. Por las noches seguro que por allí pasaban coches fantasma llenos de esperanzas, y por el día paseaban fantasmas viviendo momentos que nunca más recordaría nadie. Era el cementerio de sueños y esperanzas más concurrido. Ahí van los besos que no se dan, los latidos que se escapan cuando crees que te falta el aire. ¿Y las veces que sonreíste de corazón, con todas las ganas del mundo? También están. Hay un hueco, allí, en una esquina, al lado de la vieja máquina de escribir a la que le falta la 'A' y la 'R' en el que se amontonan las palabras que te rompen por dentro, están todas por ahí susurrando, es imposible caminar sin que alguna se cuele por tu oído o en el aire. Hay un catálogo enorme de todas estas cosas; Los sentimientos cuando dejan de sentir. Las palabras cuando dejan de conmover. Las sonrisas cuando dejan de ser puras y especiales. Los corazones cuando sus latidos desisten. Las caricias que se acaban. Los sueños que caducan. Las ganas cuando dejan de existir. Cuando puede más la realidad y termina con todo lo que nos remueve. El mundo cuándo se derrumba... los días en los que no tienes ganas de levantarte de la cama porque hace demasiado frío.