Y me drogo con el 'sin sentido' de los días que terminan y empiezan igual. No está siendo un buen año para nadie. Los aviones cada vez vuelan más cerca del suelo y en el supermercado, la cajera, ya no suele saludar. Las calles se vuelven frías y las tormentas son cada vez más intensas. Hoy el cielo está tan gris que no sé exactamente qué hora es, odio esa sensación, como si supieras que en a penas un par de segundos, el cielo va a caerse en pedazos y no puedes hacer nada. Hay cicatrices por todas partes. En el suelo son pisadas, en el cielo el rastro de un avión que iba con prisa, y en el corazón... en el corazón ya lo sabes... imborrables. Me estoy volviendo tan arisca como un gato en medio de la noche al que le ofreces caricias y te mira con desdén. Y después, marcha con la cabeza bien alta.