Me sorprendió aquella sonrisa callejera. Era enorme, me miraba fijamente y yo no sabía si debía devolvérsela o seguir de largo. Pero al final lo hice. Sonreí abiertamente y le dije: Supongo que ya estoy de vacaciones. Ella se quedó congelada, esperando al siguiente viandante. El cielo de hoy estaba más loco que de costumbre. De sol pasaba a nublado, a gotas de lluvia y de nuevo sol. Quizá la vida es así, loca, como el cielo de hoy. Identifiqué mis cambios de humor con el vaivén de las nubes. Cerré los ojos y soñé, una soñadora nunca debe dejar de hacerlo, ni puede. Me perdí entre los recuerdos. Que ganas de... y de... y en mis ojos existen álbumes de fotos. Te dedicaría la sonrisa callejera y todas las de mis mañanas.