Hoy me perdí dándole vueltas a la cucharilla del café, aparecí lejos de todo. En un mundo lleno de todos los sueños que tenemos al dormir. Sueños de solitarios que aspiran encontrar el amor de su vida al doblar la jodida esquina. Cantautores olvidados con la música en la sangre y una musa que nunca olvidarán. Parejas odiándose después de amarse como nunca, discusiones con algún que otro whisky de por medio, los hielos temblando agitados contra el cristal. Palabras en una servilleta de bar, el móvil sonando y el dueño del café que no quiere cogerlo. Imágenes de hostales perdidos repartidos por todo el mundo, con un sillón al fondo y las camas más manoseadas que el pomo de la puerta. Fotografías de infancia, montañas, manos que se cogen y se sueltan. Me perdí en esa taza y aparecí en un mundo en el que estaba prohibido echarse de menos. Había carteles llenando las calles, no sueñes demasiado ponía. Un barrendero daba vueltas a la escoba porque siempre había querido volar con ella. El cielo lleno de nubes anunciaba tormenta: 'En cinco minutos caerá un montón de agua sobre vuestras cabezas y no llevaréis paraguas.' En ese mundo, las estatuas te guiñan un ojo al pasar y vuelven a su postura original. Existen museos de pensamientos olvidados, de soledades encontradas y sonrisas empaquetadas por fecha de caducidad. En este mundo también hay magia. Magia que no quiero que se pierda. Y estaba totalmente prohibido enamorarte del diseñador de sonrisas. ¿Y sabes qué? Soy incapaz de obedecer las prohibiciones.