Aquí estoy, con sueños a medias.

Qué será de los sueños cuando nadie quiera hacerles realidad, o cuando se deshagan entre el viento buscando un alma al que atrapar y llenar de sonrisas. Cuando la locura decida tirarse desde un campanario y las campanas, reinas de su soledad, resuenen diciendo 'Bienvenida Cordura'. Tengo la impresión de que te conozco  de toda la vida. Como esos amores que se conocen desde niños. Que esperan su primer beso durante años bajo una capa de amistad, y cuando lo dan, no quieren dejar de hacerlo nunca. ¿Estaremos para siempre juntos? Y se contestan mirándose a los ojos, sin palabras. Todas las canciones son suyas. En cambio nosotros, hemos pasado más tiempo separados que juntos. Y es la misma puta sensación. De 365 días, hemos pasado unos pocos, pero te quiero como si hubiera vivido contigo cosas que no viví con nadie más. Como si hubieras podido llegar al fondo, donde no llega nadie. Quién se imaginaba que cien días después me erizarías el alma. El tiempo me dirá, y mientras, seguiré buscando señales. Seguiré buscándote en el fondo del vaso cuando bebo, un segundo cada hora. Entre lo que daríamos y lo que pasará en el futuro. Con el corazón dividido entre sueños y realidad. Entre el beso que te daría ahora mismo y todos los que te doy, increíbles. Pasará el invierno, florecerán los árboles en primavera y llegará el verano y siempre serás mi noviembre. Siempre serás mi idiota lejano, que cruzó la muralla de mi vida para conocer mis sonrisas en sus labios. Cerveza y felicidad extrema.