La inspiración se marcha cuando no queda a penas esperanza. Apuro el último trago de café con tu última sonrisa, el último trago de vida, ese que te quema la garganta sin que puedas hacer nada. Quiero encontrar una de esas señales. Una frase en la pared, o una palabra amable de un desconocido. Que me diga: No te rindas. Y volver con la cabeza alta y sonriendo más que nunca. Los desconocidos ayudan mucho, quizá por que saben ver en tus ojos lo que alguien que te quiere no es capaz de apreciar. Y en el autobús, de camino a casa, alguien te dice: Sonríe, o vaya día que hace, así nadie se levanta alegre. ¿Dónde cojones se esconden las señales cuando las necesito? Y en qué punto del camino decidiste dar la vuelta. Estamos más lejos que nunca, y la distancia en kilómetros es la misma. Cuando pase y me encuentro algún semáforo, deseo que estés a mi lado para comerte a besos o a abrazos, de esos que no te dejan respirar y aprovechar esos segundos del Rojo al Verde. Aunque no deba, te espero cada noche. 'Se tú mi señal'. La autopista no podía equivocarse cuando puso ese mensaje. Píntame una sonrisa y dí que estás ahí. Mi corazón se cansa de latir, y perdió el norte en tus ojos. Quiero robarte el sueño como antes, o serlo. Y los segundos sólo me separan más de ti, un poco más y ahora otro poco. Seguiré hasta que sea más alto el porcentaje de suspiros que el de sonrisas al recordarte. Porque los sueños sinceros hay que perseguirlos hasta que no queden fuerzas... porque las cosas que no se dicen, suelen ser las más importantes.
