Ella no sabía vivir de otra manera, seguiría siendo una soñadora toda su vida a pesar de las caídas. Tras el choque, volvía a ascender lentamente. Subiendo poco a poco, sin locuras. Seguiría viendo peces en el agua del vaso, imaginando su futuro cerca de las montañas, inventándose historias callejeras y dándolo todo por las emociones. Es una loca por que la gusta escapar sin dejar rastro para volver días después llena de sonrisas. Va perdiendo la inocencia pero nunca la capacidad de imaginar. Una vez trazados los posibles finales, le gusta luchar por el feliz o por el que ella cree que lo será. Sin perdices, pero viviendo felices. Por que igual Caperucita se casó con el lobo. La cenicienta pasó del príncipe y terminó con un músico callejero. Momo la enseñó a escapar de los hombres grises, quizá ella es una pequeña Momo, que odia las agujas del reloj. Valora los amaneceres y la noche, los gatos callejeros, porque aprende de ellos, el café caliente y los buenos libros. Sin dueño, solitaria, mirando la luna entre los tejados las noches despejadas. La gustaría perderse por calles de ciudades desconocidas. Y al día siguiente perderse en la naturaleza. Verde, azul, marrón. Que hay mil misterios que descubrir al terminar el día, y aunque se levante sola y se tome un café, pronto algo le hará saltar del sitio. Estallar de alegría. Contagiar al mundo. Los cuentos tienen el final que tú quieras darles, ella lleva mucho tiempo perdida en uno imposible y no por ello desiste.
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