Lo daría todo, todo por una sonrísa.

Está la piel gritando canciones que nunca sonaron por la radio. Se inventa palabras, conjura tu nombre con preposiciones y salen frases que podrían ser de película. A todas horas hay soledades buscándose, y movimientos en el suelo imperceptibles. Un terremoto que lo convierte todo en tonalidades grises, como le tiempo. Hay que ver lo poco y lo mucho que me gustan las películas en blanco y negro... Sin embargo, adoro el fotograma en color que aparece en algunas de ellas. Resaltando algo pero sin perder lo bello. Supongo que tú eres eso para mi. Aunque no estés aquí conmigo, le das color a la uniformidad de los días. Algo que aparece y lo cambia todo. Que me remueve por dentro. Los libros que no soy capaz de terminar, la hora punta del autobús sin aire para respirar. La gente solitaria en el parque mirando al cielo, los que hacen la compra solos y compran sólo para sí mismos. Me asusta que aunque el cielo esté azul intenso, yo lo siga viendo todo en blanco y negro. Y esta sensación de ansiedad reprimida... todas las palabras que quiero decirte y no puedo porque me tiembla el corazón por dentro... y cada vez más al fondo. No quiero ilusionarme y mirar la luna si tú no haces lo mismo. Quiero que la montaña de segundos que nos separa desaparezca. Que alguien me despierte de madrugada diciéndome que me quiere. Sigo sin entender porque soy tan dada a soñar con imposibles. Desde que era muy pequeña tuve que sonreír sacando la fuerza de debajo de las piedras y el problema viene ahora, cuando el camino se quedó sin ellas. Y que lo mejor que me pasó en mucho tiempo sea tan posible como viajar a la luna. No me gusta no tener a quien contarle entre risas mis locuras. Mis pensamientos tontos, esos que sólo se pueden decir una vez. Se guardan, se esconden. Y me vuelvo arisca. La niña de la sonrisa permanente últimamente se la pinta con rotuladores. Quiero subir a la montaña más alta, gritar y que me escuches desde la otra punta del mundo. No quiero perder la ilusión por las pequeñas cosas, y ayer estaba el cielo precioso y yo caminaba mirando al suelo... No quiero que el papel siga escuchando mis palabras. Es otra señal una de esas que no presagian nada bueno. No quiero esta apatía que me come por dentro, ni la soledad que llena el pasillo de mi casa. Y sólo necesito un segundo a tu lado. Que puta la vida que siempre lo hace todo más complicado. Y qué putas las lágrimas que salen a deshora y sin avisar...