Me miraba en el espejo, y veía en el reflejo como me agarrabas por la espalda, de las mejores sensaciones conocidas... y yo sin saberlo. Como tantas otras cosas, que justo ahora no tengo. El movimiento de tus labios, tus manos, las noches. Recuerdos, sólo eso. Mis pies apoyados en la pared, los viajes en coche a otros mundos para ver la luna desde las montañas. La música en un oído y el aire en el contrario. Paredes que hablan y cuentan cuentos, ciudades que susurran. Noches en silencio. La sal en nuestra piel, y alguien que se queda con puñados de azúcar en sus manos a base de caricias. Dónde estará ese mundo, el de los imposibles que se consiguen... dónde habrán quedado tus sueños. Se deshicieron con el ruido de la última nota. Con el último abrazo echaron a volar y ahora no se sabe su paradero. Los míos están escondidos, entre las fotos que sacamos y las que quise sacar a tu lado. Entre los besos que te dí y los que tenía guardados para darte. A veces, logro verte, cuando una de tus canciones aparece sin avisar, y ahí estás, tarareándola sin darte cuenta mientras me miras. Dónde estarás tú. Si pudieras escucharme cada vez que grito en silencio.
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