¿Dónde estará el tiempo ahora?

'Primero fue aquel fatídico día en el que mi reloj de pulsera digital se paró cuando dieron las 00:00. Simbolizaba el fin de algo que nunca más volvería a funcionar. Un adiós, estás fuera de mi vida, hasta mi reloj te está expulsando.'

Ahí empezó mi filosofía de vivir fuera de cualquier minuto. Aunque recuerdo que le llevé puesto hasta que lo perdí en aquel viaje a Canarias. Y fue el segundo adiós. Tú tampoco perteneces a mi vida, mi tiempo te echó de ella y ya no habrá más segundos compartidos; creo que exactamente fue eso lo que pensé. Me negué durante meses a comprar otro, no quería atarme a ningún segundo. Pero para mi suerte, en mi cumpleaños, me regalaron otro, pero esta vez era diferente, de agujas y con los números muy pequeños. Es de mala educación rechazar un regalo y más cuando éste proviene de la persona que te dio la vida, así que me lo puse. Una mañana, antes de mi viaje de vuelta a Madrid, se paró. Escogió como lugar para morir el cuarto de baño, después de la ducha. A este parón aún no le encontré explicación. No era ni un momento significativo, ni un adiós. Será que unos duendes chiquititos juegan dentro de mis relojes, accionándolos y parándolos cuando quieren decirme algo. Casualmente cada vez que uno se para mi vida da un giro de 180º. Y hoy, intentando estudiar entre montañas de hojas y un viejo rock & roll sonando a través de los altavoces y mis pies moviéndose levemente... dirijo la mirada hacia el reloj de pared del salón. Cual fue mi sorpresa al comprobar que no se había parado si no que esta vez, marcaba una hora más. De nuevo, sigo sin encontrarle explicación. Pero sigo creyendo en las señales, y para mi, ésto lo son. Si por cada 'adiós' un reloj se queda sin pila y otro se adelanta, ¿qué pasará con el corazón? Y simplemente llego a la conclusión de que muere y renace. Y estoy segura de que el mío está cansado de morir y desangrarse en las esquinas. Cansado de esconderse en el fondo del pecho sin que nadie lo encuentre. Dónde venderán las pilas para que vuelva a funcionar, pero esta vez un poco más deprisa, como si estuviese una hora adelantado. 

Regálame un par de pilas y un par de besos. Llénalo de sueños por cumplir, rescátalo de las esquinas y no le dejes caer por las aceras. Haz que los latidos dejen de marcar el tiempo y aprendan a descifrar tus silencios. Y por favor, no dejes que los relojes sigan parándose a mi alrededor... siempre son un mal presagio.