Ven, anda, que te invito a un café. Y mientras te lo bebes, recuérdame cómo eran aquellos veranos de horas interminables en la piscina. Porque nosotras no nos arrugábamos: eso se lo dejábamos a los demás. Cuéntame cómo nos dimos nuestro primer beso convirtiéndolo en nuestro primer tatuaje. Recuérdame cómo nos dejábamos deshacer por el calor, cómo nos convertíamos en creadores de realidades alternativas a tiempo completo y coleccionistas de frases desgarradoras en nuestros ratos libres. Vuelve a contarme ese cuento en el que dos personas quemaban todos sus miedos en hogueras de verano, cuando la noche más corta se hacía interminable. O cómo nos bastaba andar descalzas por la casa para cosernos las sonrisas en todas las costuras de nuestras camisetas. Dime en qué segundo exacto decidimos que ese 'veintidós' sería nuestra palabra preferida. Y después de todo eso, explícame cómo hemos llegado hasta aquí. Anda ven, que te invito a un café.