Relojes desarmados.



Qué caprichosa es la mecánica del tiempo. Quité todas tus fotografías de mi habitación, cerré bajo llave en un bonito baúl de madera todos los recuerdos que pude rescatar de aquel naufragio que duró más de un año (no somos imbéciles. Ambas sabemos que lo nuestro fue siempre como una ciudad devastada por un tsunami), eliminé tu número de teléfono y conseguí limpiar cualquier rastro de los besos que me diste por la espalda. Ya me costaba recordar cómo sonaba tu voz cuando me decía te quiero (empecé a olvidar cómo era en todas sus formas). ¿Qué puta probabilidad había de encontrarme un carrete viejo, gastado, y que al revelarlo aparezcas tú en casi todas las fotografías? Odio el azar. Y odio que sigamos estando imantadas por ser tan sumamente iguales. 
¿Cuándo cojones va a salir el the end?