Barcos de vapor.

Sabía que el naufragio estaba a punto de producirse. Tal vez por eso ejercité mi memoria, para cuando sólo quedasen los restos de los versos sin rima y los dibujos en los márgenes que un día fueron. Grabé en mis retinas cada poro de tu piel, cada esquina de tu geografía, los milímetros que median las sombras de tus pestañas. Podría dibujarte en todas tus formas: sentada, de pie, de frente, de espalda, dormida, despierta, en un bostezo, con un te quiero escapando de tu boca. Tú eras la lluvia. Y tus ojos eran del color de la hierba después del día más lluvioso del otoño. Sólo me falta encontrar la referencia exacta de ese verde para poder pintar mi mundo de ese color cada vez que necesite volver al recuerdo. Y yo no soy de las que se rinden fácilmente.